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María Celma: “De la educación medioambiental depende nuestro futuro”

Entrevistamos a María Celma, profesora y miembro de Raíces & Brotes, sobre la importancia de fomentar la educación ambiental en las aulas 

Cada 26 de enero se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental para reivindicar la necesidad de formar personas conscientes de la importancia de preservar el medio ambiente y comprometidas a trabajar individual y colectivamente para hacerlo. 


La educación ambiental es una herramienta fundamental para hacernos comprender mejor el mundo en el que vivimos y aprender así a respetar y a querer la naturaleza, porque, como dice la Dra. Jane Goodall, que en 1991 fundó su programa de educación ambiental Raíces & Brotes, solo si lo entendemos, podemos protegerlo. 


Igualmente, la educación ambiental también tiene un gran poder para promover experiencias positivas de contacto con la naturaleza que motivan el desarrollo de la conciencia ecológica y el pasar a la acción. 


María Celma es un claro ejemplo de ello. Miembro de R&B desde hace ya seis años, en 2018, María creó su grupo “Océano Limpio Tenerife” para organizar limpiezas en las playas de esta isla, en la que vive. Como docente, también formó en el CEIP Montaña Pelada el grupo “La patrulla marina”, que el pasado noviembre tuvo la oportunidad de participar en una limpieza en la playa de El Porís, una de las más contaminadas por microplásticos de la isla, junto a la Dra. Jane Goodall y parte del equipo del IJG España. 

¿Qué importancia tiene la educación ambiental?


De ella depende nuestra propia vida. Pensamos que enseñar educación medioambiental significa enseñar lo que nos rodea, sin darnos cuenta de que esa afirmación engloba nuestra propia vida. De la naturaleza depende todo. El gran problema proviene de que muchas personas no llegan a ser conscientes de ello y viven a costa de la naturaleza, cuando la realidad es la contraria, nosotros vivimos gracias a ella. Por ello, y ante todos los problemas con los que convivimos en la actualidad, la educación medioambiental en centros educativos se muestra como un aspecto más allá de fundamental, vital. 


¿Cómo trabajas la educación ambiental con tu alumnado?


Soy maestra de Educación Infantil, lo que significa que tengo la gran suerte de poder pasar mis días con niñas y niños de entre tres y seis años, así que trato de adaptar mi forma de enseñar a las características propias de su edad, haciendo llegar el mensaje a través de algo de misterio, de magia, de juegos…, incentivando sobre todo la curiosidad, con cuentos, canciones e imágenes, y transmitiéndoles la idea de que, en muchas ocasiones, hay algo bonito que aprender, algo que no se habían planteado, o incluso problemas los cuales pueden tener solución con su ayuda y la de su entorno más próximo (haciendo extensible el cambio a sus familias). 


¿Qué impresiones suelen llevarse los niños?


Hay algo maravilloso en los niños pequeños y es su capacidad plena para sentir. Sus sentimientos son totalmente puros, y aunque hay una característica propia de esta etapa que es el egocentrismo, cuando se trata de hablarles de, por ejemplo, algún problema que puedan tener los animales, para eso son todo sentimientos. Son amor puro y eso es pura magia. Los niños pequeños son increíbles. Siempre desean poder ayudar. Cuando se les cuenta que existe un problema y que ellos van a poder ser parte de la solución, son los primeros en emocionarse y querer ser partícipes de ello. No hay mejor aprendizaje que darles, ni mejor enseñanza que ofrecerles. 


¿Has notado un crecimiento en el interés por la educación ambiental?


Es verdad que, poco a poco, desde hace unos años hasta ahora, cada vez nos encontramos con más y más centros educativos donde se tratan temáticas ambientales de una u otra manera en sus programaciones, e incluso los propios currículos educativos lo incluyen. 


Para trabajar la educación ambiental en las aulas, siempre hace falta una mayor implicación por parte de los adultos, tanto por parte del profesorado como en el seno de las propias familias. Darle una mayor importancia en nuestros hábitos del día a día. Si queremos realmente cambiar la situación del planeta, debemos dar prioridad a los contenidos medioambientales en nuestras aulas


¿Qué aporta Raíces & Brotes a la educación ambiental?


Aporta algo mágico, algo increíble, sobre todo para las personas que en múltiples ocasiones nos hemos sentido algo solas ante esta gran lucha, y es el sentido de pertenencia a algo mucho más grande, a saber que hay muchas más personas con las mismas inquietudes y motivaciones, a saber que cuando estás en el aula hay muchas otras personas en otros lugares, queriendo y haciendo lo posible para que la situación cambie. Es decir, “no estoy sola, somos muchas más personas queriendo hacer de éste un mundo mejor y lo vamos a conseguir”. 


¿La educación ambiental tiene edad?


No hay edad si lo que se quiere es vivir más y mejor. El bienestar de nuestro entorno depende de todas y cada una de las personas que pueblan este planeta, de todas y cada una de las decisiones que tomamos desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos por la noche. Esas decisiones son las que marcan la diferencia, decisiones tomadas por todas las personas, tengan tres o 90 años. Como ciudadanos de este planeta, tenemos una responsabilidad, solo es necesario hacernos conscientes de ello. Por un lado, los más pequeños, porque aún no son conscientes del problema. Por otro lado, los adultos, porque nos hemos visto inmersos en él y, en muchas ocasiones, damos por hecho que nada está en nuestras manos, que las cosas son como son y ya está. Y ese es el peor escenario posible. En ser conscientes está la clave, en plantearse lo que realmente es importante y necesario. Aunque eso en un mundo consumista y lleno de desigualdades, no es nada fácil. 


En tu zona, ¿cuáles son las principales problemáticas ambientales a abordar?


Bajo mi percepción, en Tenerife, uno de los grandes problemas que tenemos y que podemos abordar cada persona que vive en la isla, y que podemos trabajar en todas las aulas porque podemos tener un impacto directo en ello, es el gran problema del plástico. Nos hemos convertido en una sociedad consumidora de forma masiva de productos que viven envueltos en plástico, sin plantearnos siquiera si son algo beneficioso para el consumo humano. Aquello que ahoga aves y tortugas marinas, peces y cetáceos, que llena nuestras costas y orillas de las playas de tal manera que ya ni nos sorprende… Debemos hacernos conscientes de su gran magnitud, de que es un hecho que no es en absoluto normal y que tiene unas terribles repercusiones en la biodiversidad de nuestra flora y fauna, y también, si lo vemos de una forma egoísta, en nosotros mismos


Otros grandes problemas en los que nos vemos inmersos son la gran cantidad de automóviles que pueblan la isla y la cada vez mayor población, con sus consecuentes edificaciones, que quitan espacio natural a la isla. 


¿Cuáles fueron tus referentes medioambientales de pequeña?


No tengo ningún recuerdo de que me hayan dado educación ambiental en mi edad escolar, y creo que, en general, puede que hayamos llegado al momento en el que estamos por ello. Siempre dimos por supuesto que la naturaleza era lo que era y que seguiría estando ahí siempre a pesar de nuestras acciones. Nadie en esos años se planteaba la situación por la que estamos pasando. Por lo que mis únicos referentes fueron mis padres que, aunque no eran grandes amantes de la naturaleza, sí me educaron en el respeto al prójimo y al entorno. Después todo vino por mi amor infinito al mundo animal y al océano


¿Qué te motivó a trabajar en la educación ambiental?


Todo empezó cuando hace siete años llegué a vivir a la isla de Tenerife. Empecé a andar y conocer lugares de la isla y comencé a ver mucha basura en los entornos naturales. Pero, fue, sobre todo, cuando tuve delante de mis ojos el grave problema del plástico en playas y costas, cuando empecé a recoger microplásticos con mis propias manos a puñados (mejor dicho a manos llenas), cuando buceando veía que había peces alimentándose de pequeños plásticos o aves marinas picoteándolos en las orillas, cuando salía a hacer un avistamiento de cetáceos y recogíamos grandes plásticos en alta mar, o tortugas enredadas… 


La naturaleza no es culpable de nuestros errores, de nuestra inconsciencia, y es la que lo está pagando directamente. Depende de nosotros que el futuro no sea así. Depende de nosotros abrir los ojos y ser conscientes de las consecuencias de nuestros actos. Depende de nosotros poder construir un futuro más empático, más respetuoso. De la educación medioambiental depende nuestro futuro

Gracias, María, por llevar el amor y el cuidado por el entorno a las aulas. ¡Junt@s marcamos la diferencia!


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