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  • Foto del escritorRaíces & Brotes España

Ensayo sobre granjas industriales: razones para adoptar una dieta basada en vegetales


Cuando le preguntan a la Dra. Jane Goodall qué piensa sobre las granjas industriales, responde con tres palabras: “Dolor, Miedo, Muerte”[1]. La ganadería industrial se encuentra entre las peores atrocidades jamás perpetradas por la humanidad. Es intrínsecamente cruel y crea un sufrimiento masivo a miles de millones de animales, destruyendo el medio ambiente e incluso socavando nuestra salud. Una de las maneras más sencillas de ayudar a los animales, el medio ambiente y la humanidad es pasar de los productos animales de las granjas industriales a una dieta basada en vegetales. Creemos que es imperativo acabar con las granjas industriales, ya que todos saldremos beneficiados: los animales, las personas y el medio ambiente.

 

Dolor, Miedo, Muerte

 

Un matadero grande y moderno en Europa, que afirma ser una instalación de excelencia, está sacrificando más de 1,4 millones de cerdos al año de una manera que, según afirma, es altamente profesional. No obstante, una organización de defensa animal desmintió esta afirmación con un vídeo de cinco minutos, grabado por un valiente hombre que había trabajado infiltrado en las instalaciones durante un mes. Los cerdos son golpeados, pateados y tirados violentamente de las orejas y la cola. Una imagen muestra a un cerdo siendo golpeado o pateado mientras se arrastra sobre sus patas delanteras, con las patas traseras aparentemente rotas. Varios cerdos tienen heridas abiertas. Otras imágenes muestran a un cerdo que debía ser aturdido eléctricamente pero que todavía estaba vivo y gritaba de terror mientras lo empujaban hacia atrás hacia su cruel muerte. Otros cerdos yacían temblando y pataleando en un charco de sangre. A otro cerdo que todavía estaba vivo lo colgaron de las patas traseras y le cortaron el cuello. Aún vivo y consciente, lo arrojaron del gancho a un baño hirviendo de 60ºC. Intentaba nadar, intentaba escapar, sus ojos parecían frenéticos, gritaba, su cabeza se hundía bajo el agua, reaparecía varias veces antes de finalmente desaparecer, ahogado en el agua caliente. Este metraje se encuentra entre los peores sufrimientos animales que jamás hayamos visto. Hacia el final del vídeo, un miembro del personal comenta con calma que algunas cosas no deberían llegar al público[2].

 

Esto es solo un breve vistazo al oscuro mundo de las granjas industriales, donde miles de millones de cerdos, terneros, vacas, conejos, pollos, pavos, salmones y otros animales son utilizados para obtener su carne, leche, huevos, pieles y otros productos. Las granjas industriales se construyen para ser lo más eficientes posibles, generando ganancias al criar la mayor cantidad de animales en el menor tiempo posible. Los mataderos, para ser rentables, deben matar al mayor número de animales posible en el menor tiempo posible. Por tanto, la crueldad es inevitable. Desafortunadamente, el trato dado a los cerdos en el ejemplo anterior no es atípico, es el resultado inevitable del sistema.

 

Las granjas industriales intentan ocultar al público el inmenso sufrimiento animal que causan. Afortunadamente, valientes fotoperiodistas y otros defensores de los animales están revelando la horrible verdad[3].

 

La mayoría de animales de granjas industriales se mantienen en confinamiento cerrado. Las jaulas de parto para cerdas gestantes ni siquiera les permiten darse la vuelta. Los terneros criados para carne viven su corta vida en “jaulas para ternera”, que prácticamente no les permiten moverse (ahora están prohibidas en algunos países). Cuando los cerdos son criados para el matadero en recintos estrechos y totalmente vacíos, se les obliga a yacer sobre orina y heces. A menudo quedan individuos muertos, lo que puede provocar canibalismo. El aturdimiento eléctrico de animales a punto de ser sacrificados a menudo no funciona. A las gallinas hacinadas normalmente se les corta el pico (es decir, se les cortan los extremos de sus sensibles picos) para evitar que se hagan daño entre sí. En las granjas lecheras, a los terneros recién nacidos se les permite mamar para estimular el flujo de leche, pero luego son separados de sus madres cruelmente. La lactancia también fortalece el vínculo entre la madre y la cría: los gritos desesperados de la madre en respuesta a los llamados de su aterrorizada cría son desgarradores. Se han seleccionado genéticamente cerdos, gallinas y pavos para crear animales con sobrepeso; algunos apenas pueden caminar. En algunos países, los animales de granja son alimentados con hormonas de crecimiento. Normalmente, los antibióticos se administran de forma rutinaria en los alimentos, solo para intentar mantener con vida a las víctimas. En las instalaciones que crían gallinas para sus huevos, los polluelos machos no deseados son arrojados vivos en sacos para ser desechados. Estas son solo algunas de las prácticas que conforman el mundo secreto de las granjas industriales.

  

Estos animales son todos seres sintientes

 

Lo que hace que las granjas industriales sean tan indescriptiblemente horribles es que todos los animales son tratados como si fueran simplemente “cosas” insensibles. Sin embargo, como sabemos ahora, todos ellos son capaces de tener una vida emocional rica. Conocen la depresión, la frustración, el aburrimiento, el miedo, el terror. Todos sienten dolor, incluso los peces. Basta observar a los terneros retozando en los campos, a las vacas reunidas a la sombra o tumbadas rumiando, a los cerdos hozando en la hierba o gruñendo de placer mientras dormitan en el barro, a una gallina, un pato o un ganso guiando a sus polluelos desde un lugar a otro, llamándolos cuando encuentran comida, para darse cuenta de lo que se les priva a los prisioneros de las granjas industriales.

 

Algunos animales domésticos son muy inteligentes. Los cerdos son tan inteligentes como los perros, más que algunos. Y pueden disfrutar jugando con objetos. Pigcasso, una cerda que fue rescatada de una granja industrial, ganó fama por disfrutar pintando sobre un lienzo con un pincel en la boca. Sus coloridos cuadros se venden en todo el mundo y las ganancias se destinan a la granja santuario donde vive[4]



Sin embargo, a los animales de granjas industriales se les priva de cualquier oportunidad de expresar su comportamiento natural y se les trata como meras “cosas” que hay que criar y matar para que pedazos de sus cuerpos puedan ser colocados en nuestras mesas. Es desesperadamente importante que reconozcamos que cada uno es un individuo, con su propia personalidad.

 

Más de 200.000 millones de animales son sacrificados cada año

 

Hay literalmente miles de millones de animales criados para obtener carne, leche o huevos. Cada año, se matan alrededor de 200.000 millones y la cifra va en aumento. De todos los mamíferos del mundo, alrededor del 60% son animales de granja, como vacas, cerdos, cabras, ovejas, búfalos e incluso, en algunas culturas, perros y caballos. Solo alrededor del 4% de los mamíferos son salvajes y su número está disminuyendo, generalmente porque los matan para alimentarse. El 36% restante somos humanos y ese número va en aumento. Alrededor del 70% de todas las aves del mundo son domésticas. No solo pollos y otras aves de corral, sino también avestruces, emúes y gallinas de Guinea. El número de pollos en todo el mundo se ha más que duplicado desde 1990; de los más de 100.000 millones de animales terrestres que se sacrifican cada año, alrededor de 70.000 millones son pollos. El número de peces de piscifactorías es aún mayor, alrededor de 111.000 millones. Esto significa que más de 200.000 millones de seres sintientes son sacrificados, a menudo de manera cruel, cada año[5]. Y alrededor de tres cuartas partes de ellos han sido criados en granjas industriales. 



Se espera que la demanda de productos procedentes de animales de granja siga aumentando, especialmente en los países en desarrollo de Asia, África y América del Sur. Una población humana en crecimiento y más personas con ingresos más altos están impulsando una demanda creciente de carne, leche y huevos[6]. Para satisfacer esta demanda, China está construyendo instalaciones de cría a gran altura. Por ejemplo, una granja del tamaño de un rascacielos de 26 pisos en la provincia de Hubei tiene capacidad para albergar 650.000 cerdos en un solo edificio. Estos cerdos son alimentados en puntos de alimentación automáticos con solo hacer clic en un botón desde la sala de control central[7]. Cada uno es un individuo inteligente y sensible que solo conoce el Miedo, el Dolor y la Muerte.

 

Destruyendo nuestro planeta

 

El creciente número de animales mantenidos en granjas industriales no solo significa un horrible sufrimiento para estos animales, sino que también tiene un efecto devastador en el medio ambiente.

 

En primer lugar, se deben despejar enormes áreas para cultivar los cereales y la soja con lo que alimentar a estos animales. La agricultura industrial de este tipo, que crea monocultivos, utiliza herbicidas y pesticidas químicos que están teniendo un efecto devastador sobre la biodiversidad y matando el suelo. La escorrentía de nutrientes de los fertilizantes artificiales ha dañado el medio ambiente, especialmente los ríos, lagos y el océano, donde el nitrógeno forma repetidas floraciones de algas como las del Lago Erie y “zonas muertas” como la enorme del Golfo de México.

 

Los animales de granja ocupan más del 80% de todas las tierras de cultivo, y esta cifra crece a medida que crecen sus poblaciones y la población humana. El 80% de la deforestación de la selva amazónica se debe a la tala para crear espacios para la ganadería, y en muchos países el ganado bovino y caprino está siendo empujado hacia los bosques en busca de alimento. Se estima que más de la mitad de la pérdida de biodiversidad en todo el mundo está relacionada con el consumo de carne[8].

 

Debido a los gases de efecto invernadero que atrapan el calor del sol, el clima del planeta se está calentando, lo que está provocando cambios en los patrones climáticos en todo el mundo: tormentas, inundaciones, olas de calor, sequías e incendios forestales… que son cada vez más letales y frecuentes. La Organización Mundial de la Salud considera el cambio climático como la mayor amenaza para la salud humana. Y los gases de efecto invernadero generados por la industria de animales de granja constituyen una proporción considerable de las emisiones mundiales de estos gases. Se estima que la generación de un kilo de carne de vacuno emite 60 kg de gases de efecto invernadero, mientras que solo se emite un kilo de gases de efecto invernadero por cada kilo de producción de guisantes. Transformar la proteína vegetal en proteína animal es costoso: por ejemplo, para producir un kilo de carne se necesitan 25 kg de cereales. Y en muchos lugares, debido a las sequías más largas y frecuentes, junto con la contaminación, el agua dulce está escaseando, y se necesita una gran cantidad de agua para convertir la proteína vegetal en animal. Así, para producir aproximadamente un kilo de carne de vacuno se necesitan unos 15.000 litros de agua, frente a solo 1.200 litros de agua para un kilo de maíz y 1.800 litros para un kilo de trigo[9].

 

Como comenta la Dra. Jane Goodall, estamos haciendo demandas insostenibles al mundo natural, y debemos darnos cuenta de que no puede haber un crecimiento económico infinito en un planeta con recursos naturales finitos y un número creciente de seres humanos y animales de granja[10].


Está claro que es necesario reducir mundialmente la agricultura industrial y el consumo de carne para salvar los recursos naturales del planeta para las generaciones futuras. De hecho, Compassion in World Farming sostiene que “sin una drástica reducción mundial del consumo de carne antes de que sea demasiado tarde, no podremos evitar una catástrofe climática”[11].

 

Socavando nuestra salud

 

Hay otra razón para reducir el consume de carne. Varios estudios han demostrado que comer carne, especialmente carne roja, puede tener consecuencias negativas para nuestra salud, como enfermedades de corazón, cáncer, diabetes, obesidad y neumonía. Y el hecho de que la carne de los animales criados en granjas industriales se haya vuelto más barata significa que la gente tiende a comprarla y consumirla más.

 

Además, a medida que las poblaciones humanas crecen y se adentran más en los hábitats de la vida salvaje para despejar enormes áreas y crear tierras agrícolas para cultivar cereales que alimentarán a los miles de millones de animales de granja encarcelados, o para la cría de ganado, no sólo se destruye la biodiversidad, sino que conlleva un contacto cada vez más estrecho entre las personas y los animales salvajes. Esta situación permite a los patógenos saltar de animales a humanos. Y si un patógeno se une a una célula del cuerpo humano, puede producirse una nueva enfermedad zoonótica (o zoonosis).

 

Es casi seguro que la pandemia de la COVID-19 comenzó en un mercado “húmedo” chino que vendía animales salvajes para consumo. El VIH se originó cuando  chimpancés fueron cazados para comer su carne en dos países africanos[12]. Y el Ébola probablemente se transmitió de un gorila a los humanos. La agricultura industrial también ayuda a propagar enfermedades zoonóticas y aumenta el riesgo de pandemias. La alta densidad de animales en las granjas industriales y el transporte de animales y sus productos brindan oportunidades para la propagación de los virus. La gripe aviar y la gripe porcina están relacionadas con la cría industrial de pollos, pavos y cerdos. Además, las condiciones en las típicas granjas industriales, donde los animales están hacinados, son ideales para la propagación de infecciones bacterianas como Escherichia coli y Salmonella, que no sólo infectan a los animales sino también a quienes trabajan entre ellos.

 

Las granjas industriales plantean otra amenaza muy grave para nuestra salud. Alrededor del 73% de los antibióticos importantes se administran habitualmente a animales de granjas industriales, incluido el salmón de piscifactoría, simplemente para mantenerlos con vida. Y esto, por supuesto, permite que las bacterias desarrollen resistencia a los antibióticos. La Organización Mundial de la Salud considera la resistencia a los antibióticos como una de las mayores amenazas para nuestra salud, y eso contribuye a millones de muertes cada año[13].

 

Por último, la salud y la seguridad de quienes trabajan en las granjas industriales a menudo se ven comprometidas, en particular en los mataderos, donde el trabajo es particularmente exigente. Es estresante y agotador física y psicológicamente. La combinación de trabajar muchas horas, a un ritmo rápido y realizar movimientos repetitivos puede provocar dolores crónicos en brazos y otras partes del cuerpo. La mayoría de estos trabajadores provienen de familias de bajos ingresos y muchos de ellos son inmigrantes. Como las granjas industriales suelen estar situadas cerca de comunidades de bajos ingresos, las personas que viven cerca se ven frecuentemente afectadas por el terrible hedor de los pozos abiertos de desechos animales. Cuando el viento sopla en dirección a sus casas, tienen que mantener todas las ventanas cerradas, algo especialmente angustioso en los calurosos meses de verano, ya que en las zonas de bajos ingresos los pozos de desechos normalmente no están cubiertos.


  

Dietas vegetarianas y otras soluciones

 

Por todas las razones anteriores (la crueldad, el daño a nuestro medio ambiente y el peligro para nuestra propia salud) está claro que debemos trabajar para poner fin a la era de las granjas industriales. Por lo tanto, si bien no instamos a todos a que dejen de comer carne de la noche a la mañana, creemos firmemente que se debe boicotear toda la carne, la leche y los huevos de animales criados en granjas industriales, e instamos a las personas a que dejen de consumir estos productos.

 

En su lugar, intentemos avanzar cada vez más hacia una dieta basada en vegetales. Afortunadamente, esto está empezando a suceder a medida que la gente se preocupa más por el bienestar de los animales, el medio ambiente y la salud[14]. Por ello, cada vez más personas, especialmente jóvenes, se están haciendo vegetarianos e incluso veganos. En el Reino Unido, el número de adultos jóvenes que se identifican como flexitarianos (que viven en su mayoría como vegetarianos y solo comen carne o pescado ocasionalmente) se ha duplicado del 10% en 2019 al 20% en 2021. Aquellos que se identificaron como consumidores frecuentes de carne disminuyeron de dos tercios de adultos jóvenes (67%) a poco más de la mitad (52%).

 

Efectivamente, la carne roja es una fuente de hierro, zinc y vitaminas del grupo B (la vitamina B12 es especialmente importante para nuestra salud), pero existen suplementos que las aportan y deben ser tomados por vegetarianos y veganos.  

 

Un importante estudio científico reciente muestra que “las dietas veganas dieron como resultado un 75% menos de emisiones de calentamiento climático, contaminación del agua y uso de la tierra que las dietas en las que se consumían más de 100 gramos de carne al día”. Las dietas veganas también reducen la destrucción de la vida salvaje en un 66% y el uso de agua en un 54%, según el estudio[15]. Por lo tanto, la mejor manera de ayudar a los animales, al planeta y a tu propia salud es cambiar hacia una dieta basada en vegetales.

 

Cada paso importa. Las personas que no quieran hacer este cambio de inmediato pueden comenzar por reducir su consumo de carne y otros productos animales, por ejemplo, comenzando a comer una comida de origen vegetal una vez a la semana y luego aumentando gradualmente el número de días por semana. La mayoría de las personas descubren que esto las hace sentir “más ligeras” y más saludables. Si compras productos animales, trata de asegurarte de que los animales hayan sido criados humanamente, en pequeñas granjas locales y orgánicas. Los métodos de agricultura regenerativa mejoran la biodiversidad mediante la rotación de cultivos y respetan el suelo minimizando el arado. Los animales de estas granjas no experimentan las condiciones de confinamiento de las granjas industriales. Por supuesto, la carne, los huevos y la leche de animales criados humanamente son más caros (aunque disminuyen a medida que aumenta la demanda), por lo que es importante aliviar la pobreza, junto con una mayor educación. Y hay que decir que las cosas que cuestan un poco más se valoran más y es probable que haya menos desperdicio.

 

Es particularmente alentador darse cuenta de que se están probando métodos interesantes e innovadores para desarrollar carne cultivada, mediante la producción de células animales in vitro (cultivando carne en el laboratorio). El precio de las hamburguesas cultivadas con células está bajando considerablemente[16]. Además, las alternativas veganas a la leche, el queso y la carne mejoran constantemente, por lo que a veces es difícil notar la diferencia.

 

Los consumidores necesitan información transparente y correcta. Las etiquetas de los alimentos deben informar a los clientes sobre el impacto de los productos alimenticios en el medio ambiente, el bienestar animal y la salud humana. 



Conclusión


Las granjas industriales son uno de los peores avances éticos en la historia de la humanidad. Durante sus años de encierro, miles y miles de millones de animales sufren Dolor, Miedo y Muerte. Al mismo tiempo, ésta es, en principio, una de las cuestiones éticas más fáciles de resolver, ya que podemos y debemos pasar a una dieta basada en vegetales. Esta será una situación beneficiosa para los animales, las personas y la Madre Naturaleza. Hemos esbozado las razones por las que deberíamos trabajar para poner fin al mal de las granjas industriales y relegar estos lugares a donde pertenecen: el pasado.

  

Autores


Esta declaración está escrita por la Dra. Jane Goodall y el Dr. Koen Margodt.

 

La Dra. Jane Goodall, Fundadora del Instituto Jane Goodall, y Mensajera de la Paz de las Naciones Unidas, es vegetariana desde aproximadamente 1970, y desde hace varios años, principalmente vegana.

 

El Dr. Koen Margodt es un especialista en ética belga, copresidente del Comité de Ética del Instituto Jane Goodall, vegetariano desde 1987 y durante varios años principalmente vegano.

 

Agradecemos a las siguientes personas por su ayuda: Dr. Marc Bekoff, Donna Harman, Joyce D'Silva, Chris Heyde, Melody Horrill, Joanne Lefson y Mary Peng.

 

[2]Advertencia: este video de 2017 contiene imágenes muy perturbadoras de extrema crueldad animal: https://www.youtube.com/watch?v=_c7b2Yp6JU4 

[3] Véase el impactante pero excelente libro Hidden: Animals in the Anthropocene (2020), con testimonios de cuarenta fotoperiodistas: https://weanimalsmedia.org/our-work/hidden/ Vea también el documental Cowspiracy: https://www.cowspiracy.com/ y https://www.dairy-truth.com/ 

[16]https://www.forbes.com/sites/lanabandoim/2022/03/08/making-meat-affordable-progress-since-the-330000-lab-grown-burger/ . Para una guía sobre la alimentación consciente, véase el libro de la Dra. Jane Goodall Harvest for Hope (2005)

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